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El reo

Voy a llamarle tío Vicente, porque es uno de los nombre posibles dentro del gigantesco árbol genealógico de la familia que cuadra con la historia que me contó la tía Maruja aquel día que había ido a comer a su casa para ver si el 'cacharro ese' (usando su vocabulario) tenía salvación o si debía de comprarse otro ordenador. Como era de suponer, el ordenador tenía instalado un montón de herramientas de dudosa procedencia: navegadores rusos, todo tipo de pop-ups de propaganda y programas que mi tía no sabía ni cómo habían aparecido allí, ocupándolo todo y haciendo que todo fuera lentísimo. Aquello era un maremagnum que se tardaría días en limpiar para que volviera a ser manejable. Mientras apuraba los últimos segundos tratando de arreglar algo antes de sentarme a la mesa a comer en el telediario salió el Presidente del Gobierno (en aquél entonces el socialista Zapatero) hablando de la recién aprobada Ley de Memoria Histórica. Entre varios puntos, se buscaba reconocer a los presos ...

A la tía Anuncia le gusta jugar

Debió de ser por septiembre. Aunque aún teníamos jornada continua en el trabajo y podía volver a casa a comer, decidí ir ese lunes con la tía Maruja. Ya había vuelto de Italia como cada verano, pero aquella vez le había pillado fuera el suceso y posiblemente necesitara alguien con quien hablar.      - Hoy hubiera sido su cumpleaños - me dijo sin haber preguntado siquiera. Siempre tenía presente los cumpleaños de toda la familia.     - Yo creo que estuve una vez en su casa de Pozuelo. Recuerdo un jardín lleno de pájaros y que ella  vivía con otra señora que tenía un loro en una jaula en la terraza.     - Sí claro, mi prima Dora, que tenía la casa de abajo con los pájaros, incluyendo el dichoso loro ¡qué manía le tenía yo a aquél bicho!     - Ah, no sabía que la tía Anuncia tenía hijas.      - Noooo, Dora era sobrina suya. Anuncia se casó, pero no tuvo hijos ¿no conociste a su marido, Agustín?  ...

Las radios del abuelo Benito

Siempre me llamó la atención la radio que tenía la tía Maruja en su casa, seguro que la recordáis. Era de madera roja, la marca del dial era una mano que a mí me encantaba mover de una frecuencia a otra. Lo más sorprendente era que parecía que con aquella radio se podían escuchar lugares lejanos, porque la mano pasaba sobre nombres de ciudades: París, Belgrado, Moscú… aunque nunca la conocí funcionando.    No era esta, pero se le parecía mucho ¿a que sí?    Un buen día le pregunté a la tía por aquél aparato.      - Es que a tu abuelo le gustaban mucho los aparatos de radio. Incluso llegó a construir uno desde cero… nooooo, no era este, este es comprado. El que construyó lo acabó regalando en una tómbola. ¿Sabías que abuelo se salvó de acabar en la cárcel gracias a las radios cuando los republicanos perdieron la guerra?     - Tía, la verdad es que en mi casa nunca me han contado nada de la guerra. Ni siquiera sé si fue militar de la Re...

Gatos y valencianos

Muchas vacaciones de Semana Santa las pasábamos en Alicante, en un apartamento al que se iba la abuela María junto con la tía Anuncia y la tía Maruja, donde también había habitación para nosotros.  Eran los tiempos en los que en España sólo había dos canales de televisión, y me resultaba fascinante descubrir que allí tenían un tercer canal que además daba programas más entretenidos. Hablaban en catalán, pero se podía entender con un poco de esfuerzo. Eso sí, lo tenía que ver a escondidas. Nadie más en la casa soportaba que pusiera aquella lengua que creían de satanás. Debía de tener yo unos doce años. En una de esas tardes de vacaciones que yo tenía puesto el canal catalán, la tía Maruja se vino conmigo a ver la tele. Echaban una de vaqueros, no es que me entusiasmara, pero la alternativa eran toros o documentales. Yo ya esperaba su queja, puesto que formaba parte del clan "en esta casa no se ve la tele en catalán", pero para mi sorpresa, se sentó tranquilamente y se quedó vi...

El puerto de Contreras

Cualquier pequeña conversación podía desencadenar los recuerdos de la tía, que siempre eran contados con una vivacidad y escenografía casi cinematográfica. En una de nuestras comidas en su casa le comenté que había estado el fin de semana anterior en la costa cerca de Valencia.  - Uy, Valencia. Anda que hace que no paso por allí… Fíjate que la última vez todavía no estaba hecha la autopista y había que coger la antigua nacional. Y menos mal, menos mal que ya estaba hecha la presa de Contreras y con la nacional ya podías pasar por arriba, porque antes había que bajar dando vueltas y revueltas para cruzar la hoz ¡Menuda carretera! La última vez que fui, iba sola con el Ford Fiesta (el 600 ya lo tenía tu hermana). Iba a Benicassim, donde el tío Benito yal llegar a la presa, me paré para mirar el paisaje y ver la antigua carretera.   Vista de las revueltas de la antigua carretera desde la carretera alta       "Y recordé que la anterior vez que había visto ...

La tapia del convento

Una de las historias más tremendas de las que me relató la tía fue aquel día que quedamos a comer y  apareció en la tele el actor Carlos Iglesias, hablando de su última película. Le comenté que era vecino de la casa de mis padres en Villalba, donde todavía vivía yo en aquel momento.  - Pues ese apellido es de niño huérfano -me dijo ella-, de los que abandonaban a la puerta del convento. Como no sabían de quién eran hijo, les llamaban "Iglesias Iglesias", seguro que su padre o su abuelo se llamaba así. - ¿Por duplicado? - Claro, como tu bisabuela Roberta. Roberta Iglesias Iglesias se llamaba. Y por eso tu abuelo Benito se llamaba Lorenzo Iglesias, porque era hija de una huérfana. - ¿Fue abandonada en un convento al nacer? - comenté horrorizado. - Pues sí. Parece que debió de ser alguien adinerado de Oviedo, algún lío de faldas, lo normal en aquellos años: según nacía el niño, ¡chum! de cabeza al convento.  - ¿Y cómo sabes que era adinerado? - Bueno, las Hermanitas de la Ca...

Antonio, el bisabuelo gallego que emigró a Argentina

Un día, comiendo en casa de la tía Maruja, me di cuenta de que no había pan, algo que me puso algo nervioso, porque me cuesta mucho comer sin pan.      - Eso es que has salido al abuelo panadero.       - ¿El abuelo Benito? ¿Pero no reparaba radios?      - Noooo. No tu abuelo. MI abuelo, el padre de tu abuelo Benito. Se llamaba Antonio Lorenzo, y era de Vivero. Tu conoces Vivero, íbamos en verano cuando tú eras pequeño.  "Antonio estaba casado con la bisabuela Roberta. Era el típico caso de gallego que se fue a las Américas a hacer fortuna. Lo que pasa es que en su caso el orden fue otro. Primero hizo fortuna con el pan. Tenía panaderías. No una panadería, panadería-S , varias por todo Madrid. Una de ellas estuvo mucho tiempo abierta, en la calle Toledo, cerca de la plaza Cascorro. ¿No la conoces? Hace mucho que no paso por ahí pero a lo mejor aún está abierta. A esa iba todos los días tu bisabuela Roberta a comprar el pan, y cl...